lunes 24 de diciembre de 2007

La esperanza de vida sube hasta los 81,9 años por el control del cáncer y las ECV

La Comunidad de Madrid cuenta con una esperanza de vida superior a la media de todos los países europeos al situarse en 81,9 años, casi dos años más que los residentes de Suiza, el Estado con la mayor esperanza de vida de la Unión, según recoge el Informe del Estado de Salud de la Población de la Comunidad de Madrid, que analiza la progresión entre 2005 y 2006.

El documento señala que la diferencia vital entre hombres y mujeres ha pasado de 7,1 años en 2000 a 6,5 en 2005. En la actualidad, la población femenina de Madrid alcanza los 89,98 años, mientras que los varones viven hasta los 78,43. Según ha destacado Belén Prado, viceconsejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid, la mejora de la salud de la población madrileña se debe principalmente a la disminución de la mortalidad por enfermedades cardio y cerebrovasculares, y por cáncer, patología que, junto a los problemas circulatorios sigue provocando el mayor número de fallecimientos. 'En la última década los casos se han reducido gracias a la mejora asistencial y a una mayor conciencia social sobre prevención. Hemos conseguido la tasa de mortalidad infantil más baja de nuestra historia', ha comentado Prado. Precisamente este aumento de la longevidad, que irremediablemente provoca un progresivo envejecimiento poblacional, deja pequeños los servicios sanitarios, habitualmente colapsados. A tenor de las cifras, tres de cada cuatro personas mayores de 64 acude a los centros de salud habitualmente, un porcentaje similar si hablamos de los menores de 14 años. En este sentido, la viceconsejera ha hecho un llamamiento a la población para discernir lo que realmente es motivo de consulta: 'Los españoles somos muy frecuentadores de los centros de salud, pero debemos valorar si el caso es lo suficientemente grave como para acudir a la consulta'. Uno de los principales desencadenantes de la hiperfrecuentación es la población inmigrante, que actualmente representa el 13,3 por ciento del censo regional. 'La demanda inmigrante ha saltado de las consultas a las urgencias. Aunque hay información suficiente, este colectivo aún no distingue lo que realmente es una emergencia'. Como medida de prevención, Prado ha remarcado la importancia de los principales estrategias puestas en marcha en la región y que pretenden anticiparse a las previsiones que auguran para Madrid un millón de habitantes más en la próxima década.

Fuente: Portal mayores


  • Residencias de ancianos

  • martes 18 de diciembre de 2007

    Sólo uno de cada diez mayores con demencias está bien diagnosticado

    La aprobación de la Ley de Dependencia ha evidenciado la necesidad de una red social que apoye a las familias con mayores a su cargo. Pero en los casos de demencias, como el alzhéimer, sigue existiendo una asignatura pendiente.

    Asociaciones de familiares y neurólogos consideran que la atención sanitaria en Galicia debería de mejorar. En la comunidad, indican, se calcula que sólo el 10% de los aproximadamente 40.000 ancianos que padecen algún deterioro cognitivo puede ponerle nombre a la enfermedad que sufre. La falta de neurólogos con dedicación específica para las demencias en la sanidad pública explica la baja cifra de casos bien diagnosticados. El doctor Alfredo Robles, responsable de Neurología Cognitiva en el Hospital Clínico de Santiago asegura sentirse un «privilegiado». Es el único especialista de la comunidad que cuenta con una media de treinta minutos para atender a cada uno de sus pacientes. Aún así, el tiempo es escaso. «El problema es que el deterioro de las funciones cognitivas puede deberse a más de cien causas», explica. Para averiguar qué enfermedad está detrás de cada caso, hay que someter al enfermo y a la familia a una larga lista de preguntas para conocer exactamente cuáles son sus síntomas. Asimismo, es necesario comprobar, con una prueba de visualización, qué zonas del cerebro son las afectadas. En Galicia, además, de Santiago, sólo los hospitales públicos de A Coruña, Ourense y Vigo cuentan con neurólogos que se dedican específicamente a las demencias, según indica Robles. Pero lo hacen uno o dos días a la semana y con un promedio de 15 minutos por paciente. Si tardan más, las listas de espera se disparan. De hecho, el escaso porcentaje de enfermos que logra llegar al especialista tarda alrededor de un año en ser diagnosticado, en un lento peregrinaje desde el médico de cabecera, al neurólogo, a la prueba diagnóstica y vuelta de nuevo al especialista. «Necesitamos atención especializada, los transtornos de conducta se derivan a atención Primaria y necesitamos un diagnóstico diferencial neurológico», reclama Isabel Gey, presidenta de la Asociación Galega para a Axuda de Enfermos de Alzheimer, Agadea, quien explica que otras comunidades como Andalucía cuentan con un plan específico para esta enfermedad, inexistente en la sanidad gallega. «Muchos médicos se limitan a dopar a los ancianos», denuncia Isabel Gey. Tiempo para explicar Conocer bien la enfermedad que causa la demencia es fundamental para tratarla adecuadamente. Aunque por el momento no existen fármacos milagro que las curen, el doctor Alfredo Robles, considera que administrar la medicación correcta ayuda a sobrellevar mejor la dramática situación, tanto al enfermo como a su entorno. Pero no sólo la química funciona como apoyo. A menudo, conocer qué le puede pasar al enfermo y cómo se debe reaccionar ante determinados comportamientos es un arma tanto o más eficaz que las pastillas. «La explicación a las familias es una parte fundamental», señala el responsable de Neurología Cognitiva del Clínico. «En una demencia cuerpo de Levi, se producen alucinaciones, si la familia lo sabe va a estar más tranquila cuando pase», asegura Robles, quien considera que la falta de tiempo limita también la comunicación con el entorno del enfermo. Robles denuncia, además, que la masificación de la sanidad pública acarrea otros problemas. Aunque la mayor parte de las demencias son progresivas, en un 9% de los casos si se diagnostican a tiempo el deterioro cognitivo puede frenarse. «Sólo conseguimos detectar un 1% de éstas, el resto se nos pasan», indica. La vacuna contra el alzhéimer se probará en pacientes en uno o dos años En uno o dos años como máximo la vacuna europea contra el alzhéimer, el mimovax, podría empezar a probar su eficacia en pacientes. Desde principios de 2007, el desarrollo del fármaco para una enfermedad que se estima afecta a unas 25.000 personas en la comunidad, cuenta con la participación de una clínica gallega, el Centro de Investigación Biomédica EuroEspes. En caso de que se demostrase eficaz, aún tardaría algún tiempo más en poder comercializarse, debido a los lentos trámites necesarios para la aprobación de nuevos medicamentos. «Vamos entrar ahora en los estudios de seguridad en animales, para asegurarnos de que no se producen efectos secundarios indeseados», explica Antón Álvarez, director de Neurofarmacología en Euroespes. Además del centro de Bergondo, en el desarrollo de la vacuna participan dos universidades alemanas y tres compañías biotecnológicas de Austria. El minovax intentará actuar sobre las causas que originan el alzhéimer. En el cerebro de las personas que sufren esta enfermedad se acumula de manera anormal una proteína, la beta amiloide. «Esta proteína se produce en todos nosotros, el cerebro la utiliza, la degrada y la elimina», explica Álvarez. La beta amiloide daña tanto las neuronas como las conexiones entre estas células claves para poder entender e interactuar con el mundo que nos rodea. La nueva vacuna intenta evitar que se produzca de forma excesiva esta proteína y reducir su acumulación. En países como Japón o Estados Unidos otros grupos trabajan también para ofrecer una esperanza a los enfermos de alzhéimer. Actualmente existen dos tipos diferenciados de fármacos para esta enfermedad, pero ninguno de ellos consigue erradicarla de forma eficaz y, además, tienen importantes efectos secundarios Q Sin investigación La falta de neurólogos en los hospitales gallegos hace imposible que los pocos que hay se puedan dedicar a proyectos de investigación para desarrollar nuevos tratamientos o conocer mejor qué ocurre en el cerebro

    Fuente: El Correo

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